¿Y si os digo que a mi ya me había tocado la lotería? Y no un quinto premio, sino el Gordo, y el más gordo de todos.
Fue el veintiocho de septiembre de mil novecientos noventa y siete, sí, el día que nací. Nací en el seno de una familia humilde y currante. Mis padres, Mauri y Manoli, desde que el día que vine al mundo no hacen otra cosa que no sea por mi. Todo lo que ganan para que sus hijos tengan unas buenas vacaciones, reyes, etcétera; olvidándose de gustos y necesidades propias, como salir con los amigos de fiesta o comprarse unos nuevos zapatos con el que no “destrozarse” los pies. Además, unos abuelos que me quieren con locura, ejerciendo de padres incluso, como mi abuela Sole, que con tan sólo unos días de vida, tuvo que ocuparse de mi cuando mi madre tenía que irse a trabajar (para dar a sus hijo lo mejor de lo mejor, como ya he dicho).
La lotería me terminó de tocar el día veinticuatro de enero de dos mil tres, cuando nació ese enano que me dio vida e ilusión, mi hermano. Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, el día en que nació. Mi abuelo José, que tanto lo echo de menos, fue al colegio a sacarme de clase y quién me iba a decir que era porque había nacido Daniel, ese niño que desde pequeño me cautivó.
Siempre digo que soy lo que soy por nacer donde he nacido. Gracias a toda mi familia, soy feliz. Y como dice Manuel Carrasco: “yo no soy pobre porque no tenga dinero, no tiene que ver, SOY AFORTUNADO... porque los mayores tesoros que tengo no los he comprado”.
Mi familia, ellos sí que son LA GRAN LOTERÍA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario